Por Hector Williams Zorrilla, psicólogo y profesor universitario
Lo opuesto al cambio y al aprendizaje, es la resistencia y el apego psicopatológico.
Y lo opuesto a la felicidad, es la insanidad de hacer lo mismo siempre esperando resultados diferentes.
Lo opuesto a la verdadera vida, es vivir esperando que la vida “nos suceda” mañana, en el futuro, cuando nos lleguen cosas o personas que esperamos.
Ni la vida ni la felicidad esperan a nadie. Ellas tampoco suceden o “pasan” como pequeños acontecimientos fugaces que ocurren al azar O por casualidad.
Los humanos nos apegamos a cosas o hechos o a personas que es ilógico que suceda.
Por ejemplo, los humanos nos apegamos a las memorias de situaciones traumáticas, como son violaciones físicas, psicológicas, emocionales y hasta sexuales.
Nos apegamos a personas “tóxicas o dañinas” que nos hieren y maltratan “a nombre del amor”.
Nos apegamos a la ignorancia o a la falta de motivación para tomar decisiones que mejoren nuestras vidas.
Nos apegamos a situaciones, personas y circunstancias mediocres que desvalorizan nuestro estatus de ser humano, y nos llevan a vivir por debajo de lo que realmente merecemos en la vida.
Aprendemos temprano en la vida, es decir, en la niñez, las siguientes tres (3) emociones que luego se hacen nuestras compañeras inseparables de nuestro diario vivir.
Uno: aprendemos la emoción del miedo, que originalmente nos ayuda positivamente para sobrevivir y aprender cosas importantes, pero que luego se constituye en un tirano que no nos permite soltar y dejar ir las cargas que no nos son útiles para vivir y ser felices.
Dos: aprendemos la emoción de la vergüenza, que al principio de la vida es un valor humano positivo, pero que más tarde se transforma en una prisión psicopatológica que nos impide expresar nuestro verdadero self o ser real.
Tres: aprendemos la emoción de la culpa, que posee aspectos positivos para mostrarnos los caminos resbaladizos de la verdad, pero que puede transformarse en una pesada carga psicopatológica que nos prohíbe soltar y dejar ir creencias, valores, ideas y paradigmas que nos impiden movernos al unísono y en consonancia con los procesos de la vida.
Para soltar y dejar ir, necesitamos tener las manos vacías para poder agarrar lo mejor que está en frente a nosotros.
Para soltar y dejar ir, tenemos que darle la bienvenida a los cambios y a los aprendizajes saludables que enriquecen nuestras vidas.
A veces, soltar y dejar ir es “doloroso” en sus inicios, pero al final, nos permite disfrutar de las delicias de los paraísos de lo novedoso, más positivo, más saludable, y más satisfactorio y enriquecedor de nuestras vidas.
Soltar y dejar ir es una ley inmutable de estar vivo.
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